Onomástica Antroponímica se exilió del Uruguay (Vol. 3)
21 octubre 2011
Un ¿pueblo? un tanto irregular. Habitado apenas por 145 personas. 44 hombres, sólo 16 mujeres y una enorme cantidad de niños paridos por ellas, 85 en total. Un lugar perteneciente a la región mas desposeída de preguntas del país, ubicado en las afueras del departamento de Canelones (Uruguay). Pleno Enero, treinta y nueve grados y subiendo. Todo ocurre dentro de un sitio, de un metro y medio de ancho por uno setenta de alto, donde, un sacerdote cincuentón, intenta acomodar, sus ciento ochenta kilos de carne, mientras se traba en lucha con los siete metros de tela negra de su sotana, que entorpecen cada uno de sus movimientos.
Subterránea Gadea: Una señorita de palabras rudas. (Entra a la piecita mientras se acomoda la ropa interior) Ave María purísima.
Libre Albedrío: ¡Sin pecado concebida! ¡Entrarás a los jardines del Señor si así lo quiere!
Subterránea Gadea: ¡Ave María purísima!
Libre Albedrío: Pero si el declinara en su deseo, tu darás un paso atrás y cumplirás su designio sin resistencia alguna…
Subterránea Gadea: ¡Ave María purísima!
Libre Albedrío: No añadirás siquiera una mínima concepción personal, fuera de todo aquello que el decida que sea como lo pensó, o en consecuencia, te verás inmersa en un mar de lava y serás azotada, apedreada y salivada gruesamente por cada uno de aquellos fieles, quienes sí comprenden lo que es el amor servil.
Subterránea Gadea: ¡Pero la gran puta madre, del Ave María y todas las aves! ¿Me va a confesar o qué?
Libre Albedrío: … Puedo percibir que no eres de aquí. Cuéntame entonces tu siguiente pecado, hija.
Subterránea Gadea: En fin, la cosa es, que no hacen mas de veinticuatro horas que estoy en este lugar, todavía no pude pegar un ojo y ya me cojí a la mitad de sus habitantes masculinos. Por eso creo que quizás tengo un problema relacionado al sexo.
Libre Albedrío: (Se queda en silencio por unos minutos, perplejo. Abre ambas manos, las mira, las cierra y empieza a erguir uno a uno los dedos intentando contabilizar. Duda y vuelve a empezar la secuencia una y otra vez durante todo ese tiempo.)
Subterránea Gadea: ¡Ey, don! ¿Escuchó lo que le dije?
Libre Albedrío: Así que sabes, querida hija, que ya dormiste con la mitad de los hombres de aquí…
Subterránea Gadea: (Se irrita) ¿Puede dejar de hablar pavadas?, ¿No acabo de decirle que estoy con insomnio desde que llegué? No dormí con ninguno. Algunos me cojieron de pié y otros, a lo perrito. Al terminar con cada uno, me subí los calzones y al poco rato fui a buscar al siguiente. Ahora ¿me puede explicar por qué será que me pasa esto desde hace tanto tiempo? Aún, desde antes de haber tenido sexo por primera vez.
Libre Albedrío: Todavía no logro descifrar por qué será que lo haces. Pareces estar segura de que han sido exactamente la mitad, ¿eh? (La ansiedad por la respuesta se va reflejando en su cara cada vez mas.)
Subterránea Gadea: Si hombre si, 22 culeadas seguidas, usted viene a ser el primero de la otra mitad sin tocar. El tema es que nadie ha podido dar con la causa de mi comportamiento. Casualmente pasaba por acá, para ver si al menos alguien distinto podía llegar a darme alguna referencia. He ido a mas de un psicólogo, pero no resultó. Porque ni bien les contaba mi problema, la sesiones se iban al carajo, con el mismo final, siempre. Terminar ensartada por el terapeuta.
Libre Albedrío: (Con gran esfuerzo el cura se inclina hacia adelante y busca debajo del banco en el que está sentado, comienza a balbucear un cántico típico de la misa de los domingos. Se endereza y empieza a darse violentos golpes en los genitales, con el revenque que encontró). “Eres, Señor mi testigo, al tratar de no olvidarte. Aunque de tu lado me alejo, están mis frágiles promesas. Por creer que puedo solo, llegan los miedos que cobijo en los planes que hice sin ti. Por no oír tu mandato merezco sin dubitar, el sufrir que tus azotes darán a mis partes blandas ¡Alabaré, alabaré, si, si, si alabaré!”
Subterránea Gadea: ¡Qué equivocado está usted!
Libre Albedrío: (sigue golpeándose sin parar) ¡¿Con qué me equivoco?! Dime.
Subterránea Gadea: Con seguir partiéndose a palos de esa manera, inútilmente. Lo único que va a lograr así, es aumentar su dolor de huevos y dejarme sin la respuesta que necesito.
Libre Albedrío: Creo que el Señor ha comenzado a buscar la solución para tí muchacha. Lo que ocurre, es que todavía no puedo visualizar qué porcedimientos deberás seguir para obtener la revelación.
Subterránea Gadea: Lo poco que podría decirle, es que, unos minutos antes de que me vengan ganas de hacerme culear por el primero que veo. Vuelve a mi mente, siempre la misma imagen. Me veo con unos 7 u 8 años de edad, en mi habitación, confundida e intentando resistirme a que mi madre me ate las manos con la soga de colgar la ropa, mientras me grita desencajada: ¡Maldita blasfema! ¡Hereje! ¡Diabólica de mierda! !Te dije que no! ¡Te vas a desatar, el día del arquero, hija de mil putas endemoniadas! Es siempre el mismo recuerdo repitiéndose sin falta, antes de salir a buscar la siguiente garompa. Algo curioso es, que la mayor parte de las veces, no me gusta que me embasten. No tengo idea, de si se siente algo mas que raspadura, o como pasa a veces, sólo el pegoteo, de lo que largan los tipos. Pero es lo único que se me ocurre hacer en esos momentos. Y justo ahora, estoy empezando a sentir los calores otra vez. Qué bronca, no hace siquiera una hora que culié con el monaguillo.
Libre Albedrío: O sea, que ¿deberías fornicar con el siguiente habitante?
Subterránea Gadea: Y aunque usted es el “siguiente habitante” me parece que… (la interrumpe apresurado).
Libre Albedrío: ¿Qué es lo que te parece hija, qué es? (Mientras tanto, la golpiza que se estaba dando con el revenque, va cambiando a pequeñas fricciones en el miembro).
Subterránea Gadea: Decía, que si quiero hallar una respuesta a esto y sobre todo dejar de hacerlo; usted es la persona indicada, ya que, por ser cura, la religión no le permite ponerla. Aunque le diré que, me di cuenta hace rato, que rompió con algún mandato seguramente, porque se viene amasijando la garcha, desde que entré acá. Me pregunto ¿Qué será lo que siente, cuando se frota así? Permítame fijarme mas de cerca y ver cómo es eso. (Al tratar de acercarse, tropieza y cae al suelo. Quedando sentada sobre una de sus manos. Fue allí cuando la abrumó una sensación que jamás había abordado antes. Algo para lo cual, no encontró explicación. El hecho de que su mano quedase apoyada sobre sus genitales y luego, dentro de ellos, le pareció tan extraño como maravilloso. Porque descubrió que aquella ola de calor que tan consternada la tenía, se sentía irremediablemente placentera y cuando comenzó a imitar los movimientos que estaba haciendo el sacerdote; pero en su propio cuerpo, supo en su interior, que esa (aunque no conocía el nombre de la acción) era la solución a su inconveniente).
A todo esto, Libre Albedrío, no acusó recibo de que Subterránea andaba en esos menesteres. El sólo podía pensar, en los segundos que faltarían para que ella se dignara a sentarse sobre su trozo de carne mal oliente de tanto sudor y encierro. Tal como ella lo había hecho con todos los otros hombres del pueblo.
Pasó una media hora, hasta que el párroco oyó los gritos de la mujer.
Subterrànea Gadea: ¡Ah, por favor, qué bueno está! ¡Esto si que no lo cambio por nadie, ah ah! ¡La gran puta, cómo quema, cómo me duele, cómo me gusta! ¡Uff! ¡Ay! ¿Qué me pasa, qué me pasa? ¡Ah ah ah ah ah!
Y en el preciso instante en que el hombre logra incorporarse en búsqueda de su objetivo, ella sale corriendo del confesionario, dando un alarido de alegría tras otro y corriendo con todas su fuerzas, sacudiendo todo su cuerpo y cantando.
Libre Albedrío nada pudo hacer para detener la veloz corrida de su pecadora. Y quedó nuevamente solo en el cuartito, protestando entre dientes, con un ardor que apenas lo dejó sentarse, para esperar al siguiente a confesarse.