¡Onomástica Antroponímica se exilió del Uruguay. (Vol. 2)

29 enero 2011

Se armó gresca en el boliche de Aguinaldo Dupetit. Después de diez minutos, bastaba con subir la mirada e imaginarse  una bandada de gaviotas que luego de inhalar una buena cantidad de Popper, volaban en todas direcciones para terminar aplastadas contra alguna de las paredes o sobre alguna mollera que de seguro partían al chocar. Claro que algo así hubiera sido una sedita; comparado con el impacto real de aquellas mesas y sillas de roble labrado que una tras otra, iban quebrando costillas, tabiques nasales y todo lo que se cruzara delante sin pedir permiso. _¡Mas vale! (decía uno que miraba desde el conventillo de la esquina) la culpa de todo esto fue de Lucas Delirio Pitaluga por hacerse el canchero y ponerse a hablar de su influencia en el cotolengo “Pizza cruda” donde se hace el intendente, para después terminar pidiéndole fiado al Aguinaldo que tan endeudado está. Aunque todos sabían que era realmente tarde para cambiar algo, la muy terca de Addis Abeba Martínez intentó separar el nudo de piñas, patadas y escupitajos, que se había formado entre Voltaire García, los Spencer y el esquizofrénico de Hittler Aguirre Mussolini. No hubo caso y por meterse en medio, tuvo que ir a cosechar dos de sus premolares y un insisivo careado, al vaso de ginebra que recién le habían servido al dueño de la whisquería “El rosquete desfondado”, el ciego Caerte Freire. Cuando ya no se podía distinguir claramente dónde empezaba un cuerpo y terminaba otro, de tanta piñata,  comenzó a aparecer a lo lejos la pequeña silueta de doña Esclavitud Sanchez (abuela de Dupetit) quien se despojó rápidamente de su dentadura añeja revoleándola dentro de la letrina del único baño del lugar y sin dudar, aceleró su corrida a una velocidad de 4.3 centímetros por hora yéndose encima de Oheflec Duarte, al que le rompió en cinco partes la mandíbula, tras curtirlo a golpes con su vieja pelela de hierro. No se salvaba nadie esa madrugada, ni siquiera el pobre Sun, el anciano perro de Caerte Freire, que ligó de lo lindo cuando aprovechando la distracción de los luchadores,  fué sorprendido por Oferta Bienleída, quien cazó al perro del cogote, le ató el hocico con un piolín de mortadela regurgitado que encontró, lo apretó contra el rincón mas oscuro y le dió de plena y bomba hasta que se le descuajaringaron las patas traseras al ultrajado can.

Y así como todo empezó, igual de rápido se calmó cuando llegó corriendo lengua afuera Tranquilino Loor, avisando que ya estaba llegado el Everguito Coito (comisario del pueblo) Junto a sus cuatro oficiales de turno  para calmar las aguas, porque la negra chusma de al lado, Blanca Nieves Vainilla, los había llamado espantada, como lo hacía cada fin de semana.

Pero esto no es todo lo que Onomástica puede dar a nuestra República Oriental…

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