Jabulani.uy
1 julio 2010
No me importó saber que estaba sola en mi casa apenas rodeada de mis dos gatas. Ni tampoco que quizás para algún que otro acartonado, “hacía el ridículo” al no poder mantener la boca quieta porque la mueca de sonrisa venía con una fuerza imbatible que me hacía ceder ante ella. Así era como mi cara repetía el gesto una y otra vez hasta llegar al extremo y convertirse en un alarido (salido bien desde la garganta) que por momentos alcanzaba los decibeles necesarios para dejar sordo a cualquiera que me escuchara. Haber recorrido como una desaforada aquellas cinco cuadras hasta la casa de mis primos, mientras que en mi mano derecha el celular hacía de puente entre mi papá y yo, para que compartiéramos esa lluvia de adrenalina y taquicardia que marcaba el ritmo de su emoción y la mía, al unísono. Algo más de noventa minutos inmantada al televisor, la radio, o cualquier cosa que tuviera cerca y ayudara a participar del evento histórico que nos está significando este mes de Junio de 2010. La última vez que había sentido algo parecido fue allá por 1990; pero claro, con apenas 11 años no tenía la conciencia de hoy, que me otorga el poder entender lo que pesan veinte años de ansias, cuatro campeonatos de poca expectativa, y otras veces ni siquiera la chance de entrar en uno de ellos.
Miro los párrafos anteriores y veo varios números, que me recuerdan una delicia matemática: (once por dos mas uno) igual (veintitrés) sobre (tres millones y pico de nosotros) desparramados por todas partes del planeta; sin conocernos las caras ni los nombres, e igualmente unidos. De esa veintena salen “los once” encargados de correr detrás de esos cuatrocientos cincuenta gramos de cuero, goma, hijo y aire, amalgamados exclusivamente para visitar la cara interna la punta o el taco, de los pies de quien vaya detrás de la Jabulani (que sí dobla) ¿verdad Suárez? Deleitarse una jugada en “High-Definition” a todo color y en cámara lenta dejó a mi vista satisfecha y entretenida; pero oír a Figueredo desbordado de sentimiento, rompiendo cuanto protocolo relator y compostura televisiva había, al dejar salir un: ¡Gol, gracias, gracias! Como el gurí que un día fué, y que quizás no imaginó la posibilidad de quebrar así su voz, en un llanto de triunfo como lo hizo esta tarde.
No hace mucho que don Washinton usó acertadamente la palabra “simbiosis” en un intento de reflejar el estado en el que está nuestro pequeño territorio, desde hace cuatro fechas… Porque decíme bó, que si en lo que iba del año tus colores de preferencia eran… no sé, amarillo y negro o rojo, blanco y azul, verde y naranja o cualquier otro. ¿Te diste cuenta hoy? que si los mezclas sin que importe tener auto, moto, bici, triciclo, dos pesos o mil, todos los dientes o ninguno, se obtiene como resultado: un solo color y un único equipo que grita abrazado ¡Vamo arriba Uruguay nomá! Por eso me jode esa frase tan nuestra como perjudicial “Es lo que hay” (la base del conformismo). No deberíamos dejar que sea, habría que cambiarla por un “Es lo que puede haber todavía”.
Y ahora, esperando a que llegue el viernes (para festejar pase lo que pase) me voy (como hizo Alejandro “Figue” Figueredo) a la voz de ¡Gracias Luís (Suarez), Godín, Forlán, Lugano, Pérez, Scotti (todos Diegos) Ejidio Arévalo Ríos, Jorge Fucile, Fernando Muslera, Álvaro Pereira, Edison Cavani, Maximiliano Pereira, Sebastián Abreu, Mauricio Victorino, Álvaro Fernandez, Ignacio González, Walter Gargano, Juan Castillo, Martín Cáseres, Martín Silva, Sebastián Eguren, Nicolás Lodeiro y Oscar Washinton Tabárez.
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