Un tresillo a percusión de puño.

8 diciembre 2009

¿Why this deep sorrow? Se preguntaba Ludwing van Beethoven (quien en realidad era Gary Oldman, representándolo, en la película sobre su vida) un día, mientras escribía la carta que probó que el talento, la genialidad, o una capacidad intelectual inconmensurable, poco le valieron sin amor (de cualquier tipo). Obvio que hablando de él, estoy citando un extremo. Porque Oy apenas existe, en comparación con Van. Oy ha ido pensando cada vez más, que quienes dijeron en su pre adolescencia, que su proceso cognitivo era poco común, y que había logrado procesar información muy compleja para su corta edad (llegando a ofrecerle saltearse años de ciclo lectivo primario, a lo cual respondió con un “no, gracias“, ya que era más profundo su terror a que esto se supiera, y por ende una oleada de golpes le cayeran encima, una vez más). Buéh, Oy creyó que esta gente probablemente estaba etílica, cuando concluyeron eso sobre sus capacidades.

Volviendo a Beethoven sólo por la diversión irónica y ridícula, que me entrega la analogía. Pues si quisiera sumar a otro a la reunión de “garroteados porque sí” puedo traer a Michael al recuerdo, ya que hace relativamente poco que arrancó hacia el tenedor libre pa gusanos; ese que a todos nos va a tocar un día de estos. Si, hablo de Jackson, por si cabía alguna duda. Gracioso que ambos supieron hacer música, sufriendo la falta de amor desde la cuna y a lo largo de sus vidas. Y Oy padeciendo la misma falta, no hizo ni música, ni cunas. Sólo creció aceleradamente, intentando comprender el por qué del comportamiento humano, lleva a ciertos individuos a expresar sus frustraciones con gran violencia, hacia otros pequeños humanos, quienes aún no pueden defenderse, ya que su tamaño físicamente hablando, no se los permite. Porque ¡a la cacharpa! que Oy combatía con uñas y dientes (imaginarios) a todo aquello. Si vó; aún sabiendo cada una de esas veces, que el torrente de uppercut, doble Nelsons, llaves inglesas, ojotas, crucifijos, ventiladores de pié, torniquetes de toallón, y un desfile de: ¡ten Tota, toma Tota, ten ten, toma! era lo que le esperaba por negarse a doblegarse y rendirse. Al recordar fotográficamente cada uno de los objetos, se pregunta si Michael y Ludwing, tuvieron alguno en común con Oy, y le apena no poder preguntarles. Al compositor alemán, los porrazos lo dejaron sordo siendo un gurí, a Michael, también desde gurí, la misma experiencia le dejó una pelea con la edad, su imagen y su identidad sexual. A Oy… el tiempo le pesa, pero no niega que tiene que pasar. Su imagen, le deja mucho que desear (desearía que fuera más mejor) pero puede hacer las pases con ésta. Su identidad sexual está definida (lo sabe tras años de auto observación). Le gustan los muchachos, definitivamente. Y con que le guste mucho uno, le alcanza bien de bien, pues la ostentación, tampoco es lo suyo. No contrajo sordera, pero si sociopatía y un fastidio recurrente. Pero. Siempre hay un pero. Pero Oy, no pudo hacer música, grandes innovaciones musicales, como sí lo hicieran ellos a temprana edad. Por eso, Oy sólo puede compararse con ellos, en cuanto a cagadera de mate se refiere.

Si bien Oy puede decir que comprende básicamente la esencia numérica de la construcción musical, que tan interesante le parece. Sabe que no ha podido aún, descifrar cómo puede esto, trasladarse al sonido, tan súbitamente. Es por eso que Oy está aún en incapacidad de reproducción musical ¡carajo! Y el carajo, es porque Oy ya esta en la edad en la cual Ludwing y Michael, eran unos grossos en lo suyo. Ninguno de los tres pudo durante toda su vida, encontrar tampoco ese otro tipo de amor. Del que se busca cuando las feromonas se disparan, y te dicen que ese/a que está frente a vó, es quien está provocando el pre infarto a tu miocardio y/o la erecta expresión de tu parte, o la húmeda respuesta de esa otra, según corresponda al género en cuestión. Para suerte y pena de Oy; sabe que puede amar, que esa habilidad no le fue amputada a mamporrazos; puede hacerlo y ¡cómo! En similitud con ellos, hasta hoy nadie ha amado a Oy y si algún día lo hicieren, podría llegar a ser tarde para notarlo. Pues ha llegado siempre tarde a la repartija de love, true love, true true love.¿Le duele y asquea a Oy, como a los otros dos? Ver tanta insensibilidad, materialismo, codicia, egoísmo, larvas saliendo del globo ocular de un recién nacido desnutrido, armas mecánicas y químicas, Monopolios, iglesias, templos, mezquitas, sinagogas, treinta elefantes salvajes a punto de extinguirse; sarcoma de Kaposi marcando el final de un ser; picanas quemando pieles, medios de comunicación desinformando; o que sigan jodiendo con el fin del mundo en 2012, (como lo hicieron en el ’99). Que tantos millones trasladen la responsabilidad de sus acciones, a personajes como Jesús, Jehová, Jehové, Mahomá, Alá, Budá o Pepe Lepú. Tan ficticios ellos, como la capacidad de cuestionamiento de quienes creen en sus existencias. Piensa Oy que Beethoven y Jackson, pueden responder sí; nos duele y nos asquea, a través de su música. Oy responde lo mismo, y aunque no sabe rockearla como ellos hacían ayer, Oy, puede hoy, escucharlos a todo volumen simultáneamente, con miras de romper la barrera espacio-tiempo. Y sin olvidar que este tresillo tocado a percusión de puño, nunca hubiera sido necesario; con presencia del amor faltante. Por ende este texto no existiría… De hecho no existe, sino hasta que alguien lo lea.

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