Onomástica Antroponímica se exilió del Uruguay (Vol. 3)
21 octubre 2011
Un ¿pueblo? un tanto irregular. Habitado apenas por 145 personas. 44 hombres, sólo 16 mujeres y una enorme cantidad de niños paridos por ellas, 85 en total. Un lugar perteneciente a la región mas desposeída de preguntas del país, ubicado en las afueras del departamento de Canelones (Uruguay). Pleno Enero, treinta y nueve grados y subiendo. Todo ocurre dentro de un sitio, de un metro y medio de ancho por uno setenta de alto, donde, un sacerdote cincuentón, intenta acomodar, sus ciento ochenta kilos de carne, mientras se traba en lucha con los siete metros de tela negra de su sotana, que entorpecen cada uno de sus movimientos.
Subterránea Gadea: Una señorita de palabras rudas. (Entra a la piecita mientras se acomoda la ropa interior) Ave María purísima.
Libre Albedrío: ¡Sin pecado concebida! ¡Entrarás a los jardines del Señor si así lo quiere!
Subterránea Gadea: ¡Ave María purísima!
Libre Albedrío: Pero si el declinara en su deseo, tu darás un paso atrás y cumplirás su designio sin resistencia alguna…
Subterránea Gadea: ¡Ave María purísima!
Libre Albedrío: No añadirás siquiera una mínima concepción personal, fuera de todo aquello que el decida que sea como lo pensó, o en consecuencia, te verás inmersa en un mar de lava y serás azotada, apedreada y salivada gruesamente por cada uno de aquellos fieles, quienes sí comprenden lo que es el amor servil.
Subterránea Gadea: ¡Pero la gran puta madre, del Ave María y todas las aves! ¿Me va a confesar o qué?
Libre Albedrío: … Puedo percibir que no eres de aquí. Cuéntame entonces tu siguiente pecado, hija.
Subterránea Gadea: En fin, la cosa es, que no hacen mas de veinticuatro horas que estoy en este lugar, todavía no pude pegar un ojo y ya me cojí a la mitad de sus habitantes masculinos. Por eso creo que quizás tengo un problema relacionado al sexo.
Libre Albedrío: (Se queda en silencio por unos minutos, perplejo. Abre ambas manos, las mira, las cierra y empieza a erguir uno a uno los dedos intentando contabilizar. Duda y vuelve a empezar la secuencia una y otra vez durante todo ese tiempo.)
Subterránea Gadea: ¡Ey, don! ¿Escuchó lo que le dije?
Libre Albedrío: Así que sabes, querida hija, que ya dormiste con la mitad de los hombres de aquí…
Subterránea Gadea: (Se irrita) ¿Puede dejar de hablar pavadas?, ¿No acabo de decirle que estoy con insomnio desde que llegué? No dormí con ninguno. Algunos me cojieron de pié y otros, a lo perrito. Al terminar con cada uno, me subí los calzones y al poco rato fui a buscar al siguiente. Ahora ¿me puede explicar por qué será que me pasa esto desde hace tanto tiempo? Aún, desde antes de haber tenido sexo por primera vez.
Libre Albedrío: Todavía no logro descifrar por qué será que lo haces. Pareces estar segura de que han sido exactamente la mitad, ¿eh? (La ansiedad por la respuesta se va reflejando en su cara cada vez mas.)
Subterránea Gadea: Si hombre si, 22 culeadas seguidas, usted viene a ser el primero de la otra mitad sin tocar. El tema es que nadie ha podido dar con la causa de mi comportamiento. Casualmente pasaba por acá, para ver si al menos alguien distinto podía llegar a darme alguna referencia. He ido a mas de un psicólogo, pero no resultó. Porque ni bien les contaba mi problema, la sesiones se iban al carajo, con el mismo final, siempre. Terminar ensartada por el terapeuta.
Libre Albedrío: (Con gran esfuerzo el cura se inclina hacia adelante y busca debajo del banco en el que está sentado, comienza a balbucear un cántico típico de la misa de los domingos. Se endereza y empieza a darse violentos golpes en los genitales, con el revenque que encontró). “Eres, Señor mi testigo, al tratar de no olvidarte. Aunque de tu lado me alejo, están mis frágiles promesas. Por creer que puedo solo, llegan los miedos que cobijo en los planes que hice sin ti. Por no oír tu mandato merezco sin dubitar, el sufrir que tus azotes darán a mis partes blandas ¡Alabaré, alabaré, si, si, si alabaré!”
Subterránea Gadea: ¡Qué equivocado está usted!
Libre Albedrío: (sigue golpeándose sin parar) ¡¿Con qué me equivoco?! Dime.
Subterránea Gadea: Con seguir partiéndose a palos de esa manera, inútilmente. Lo único que va a lograr así, es aumentar su dolor de huevos y dejarme sin la respuesta que necesito.
Libre Albedrío: Creo que el Señor ha comenzado a buscar la solución para tí muchacha. Lo que ocurre, es que todavía no puedo visualizar qué porcedimientos deberás seguir para obtener la revelación.
Subterránea Gadea: Lo poco que podría decirle, es que, unos minutos antes de que me vengan ganas de hacerme culear por el primero que veo. Vuelve a mi mente, siempre la misma imagen. Me veo con unos 7 u 8 años de edad, en mi habitación, confundida e intentando resistirme a que mi madre me ate las manos con la soga de colgar la ropa, mientras me grita desencajada: ¡Maldita blasfema! ¡Hereje! ¡Diabólica de mierda! !Te dije que no! ¡Te vas a desatar, el día del arquero, hija de mil putas endemoniadas! Es siempre el mismo recuerdo repitiéndose sin falta, antes de salir a buscar la siguiente garompa. Algo curioso es, que la mayor parte de las veces, no me gusta que me embasten. No tengo idea, de si se siente algo mas que raspadura, o como pasa a veces, sólo el pegoteo, de lo que largan los tipos. Pero es lo único que se me ocurre hacer en esos momentos. Y justo ahora, estoy empezando a sentir los calores otra vez. Qué bronca, no hace siquiera una hora que culié con el monaguillo.
Libre Albedrío: O sea, que ¿deberías fornicar con el siguiente habitante?
Subterránea Gadea: Y aunque usted es el “siguiente habitante” me parece que… (la interrumpe apresurado).
Libre Albedrío: ¿Qué es lo que te parece hija, qué es? (Mientras tanto, la golpiza que se estaba dando con el revenque, va cambiando a pequeñas fricciones en el miembro).
Subterránea Gadea: Decía, que si quiero hallar una respuesta a esto y sobre todo dejar de hacerlo; usted es la persona indicada, ya que, por ser cura, la religión no le permite ponerla. Aunque le diré que, me di cuenta hace rato, que rompió con algún mandato seguramente, porque se viene amasijando la garcha, desde que entré acá. Me pregunto ¿Qué será lo que siente, cuando se frota así? Permítame fijarme mas de cerca y ver cómo es eso. (Al tratar de acercarse, tropieza y cae al suelo. Quedando sentada sobre una de sus manos. Fue allí cuando la abrumó una sensación que jamás había abordado antes. Algo para lo cual, no encontró explicación. El hecho de que su mano quedase apoyada sobre sus genitales y luego, dentro de ellos, le pareció tan extraño como maravilloso. Porque descubrió que aquella ola de calor que tan consternada la tenía, se sentía irremediablemente placentera y cuando comenzó a imitar los movimientos que estaba haciendo el sacerdote; pero en su propio cuerpo, supo en su interior, que esa (aunque no conocía el nombre de la acción) era la solución a su inconveniente).
A todo esto, Libre Albedrío, no acusó recibo de que Subterránea andaba en esos menesteres. El sólo podía pensar, en los segundos que faltarían para que ella se dignara a sentarse sobre su trozo de carne mal oliente de tanto sudor y encierro. Tal como ella lo había hecho con todos los otros hombres del pueblo.
Pasó una media hora, hasta que el párroco oyó los gritos de la mujer.
Subterrànea Gadea: ¡Ah, por favor, qué bueno está! ¡Esto si que no lo cambio por nadie, ah ah! ¡La gran puta, cómo quema, cómo me duele, cómo me gusta! ¡Uff! ¡Ay! ¿Qué me pasa, qué me pasa? ¡Ah ah ah ah ah!
Y en el preciso instante en que el hombre logra incorporarse en búsqueda de su objetivo, ella sale corriendo del confesionario, dando un alarido de alegría tras otro y corriendo con todas su fuerzas, sacudiendo todo su cuerpo y cantando.
Libre Albedrío nada pudo hacer para detener la veloz corrida de su pecadora. Y quedó nuevamente solo en el cuartito, protestando entre dientes, con un ardor que apenas lo dejó sentarse, para esperar al siguiente a confesarse.
Lo barato sale caro.
15 abril 2011
Enero. Calor intenso. Una brisa aterciopelada que se encargaba de distribuir los rayos solares sobre cada una de las superficies donde se posaban. Parecía que no podía suceder algo mejor que superara el fulgor del medio día; sólo era un parecer.
La bella (casi rubia) y su pequeño retoño (igual de casi rubio y mas bello aún) llegaron a playa Margarita para acompañarme en mi primera visita a Carrasco Beach. Luego de un par de horas intercalando charlas y lectura, nos miramos fijamente sabiendo que las dos sentíamos lo mismo, exactamente en el mismo sitio, en el mismo instante. Los claro ojos de La G. destellaron mas luz que en otros tiempos y los míos acrecentaron la fuerza marrón que los envuelve haciendo que ante todo esto, mis manos bajaran hasta la zona que nos trasladó simultáneamente hasta aquella revolución interna. Nos contuvimos por unos minutos y cuando ya no pudimos simular mas, una de nosotras lo dijo (no recuerdo cual de las dos) _¿Sentís lo mismo?_Si, respondí. Y ahí nomas nos desbarrancamos soltando nuestro deseo contenido a coro: _¡¡¡Qué lo parió qué ganas de comer algo dulce que tengo!!! Y ante la urgencia de nuestros estómagos, emprendimos la búsqueda (yo dentro de mi mochila bichicome y ella en su bolso-cartera fifí) hacia algo que nos tapara el buraco azucarero que parecía tener vida propia, demandando un caramelo, chicle, un mísero sobrecito de edulcorante de marca dudosa que nos engañara un rato el paladar. Aquello fue como un triatlón por hallar tal cosa, tanto así, que hasta el camioncito arenero del retoño pasó por nuestra entera revisión (es sabido que los niños gustan extraviar chupetines, confites chupados y demás exquisiteces dentro de sus juguetes.) _¡Nada che! ¡Ni rastro! ¿Vos no tendrás alguna galletita perdida ahí en el fondo de tu mugrero al menos? _¡No nada bó, na-da! Respondí alterada, con mis ojos casi saliendose de su órbita. Estábamos a punto de dejarnos derrotar por el desdén y la ausencia de glucosa, cuando de pronto… ¿Es un espejismo? ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, no ¡Era un hombre! que pasaba vestido de blanco a unos cuarenta metros de distancia quien llevaba en su mano izquierda una enorme bolsa repleta de recipientes descartables vacíos, en su derecha una bandeja sobre la que había aquello que desde la lejanía logramos identificar (tal como lo hace un tigre al oler la sangre tibia de una cría de venado que se alejó de la manada) y denotamos en un tono frenético, babeante y desesperado: ¡Ese tipo vende alfajores! Fue la gloria, una algarabía desmesurada que fomentaba el relajo de nuestras tripas con cada paso que daba el alfajorero hacia nuestro territorio. Por fin se acomodó a escasos 20 centímetros de nosotras, dejando que esos regordetes de harina de maíz, dulce de leche y coco, nos sedujeran. _ ¡Mmm qué ricos y grandes se ven! Le dije al vendedor. _Lo son. Respondió el, con cierto aire de superioridad, acercándome uno para que pudiera apreciarlo en todo su esplendor. _¡Faaaa! Y diga don ¿a cuánto los tiene? ¿cada uno a cuánto lo vende? Y por no dejarlo responder nos condene acotando: _ No tiene idea cuánto rato hace que estábamos sufriendo con ganas de comer algo así de sabroso, pero no pasaba un alma por acá. ¡Ud. cayó justito hombre!_Claro. ¿Cuántos quiere señora? _ ¿A cuánto dijo que los tiene? Y el tipo soltó, _ A diez cada uno. _¡Ay pero qué baratos! ¡Qué bueno! Exclamó La G. Frase con la que estuve de acuerdo completamente y acto seguido expresé: _Deme tres por favor… mmm no, ¿a diez cada uno? ya que estamos, estas oportunidades no deben dejarse pasar. ¡Deme cuatro! y así tengo pa´llevar mañana al trabajo.
Nos entregó los tesoros que repartimos en seguida La G. uno. Bru uno, La C. (o sea yo) uno. El sobrante fue a parar al fondo de la mochila. Con mucho agradecimiento y un orgullo voraz por nuestro logro entregamos los cuarenta pesos al señor negociante que rápidamente supo meterlos a su bolsillo, para despedirse con un:_ Buéh, gracias, que los disfruten, eh. Intentamos decir algo así como “de nada” pero estábamos tan atragantados de masa seca y cremosidad, que lo único que se oyó fue un ¡Dedada! El masculino blancuzco se enderezó para rotar ciento ochenta grados sobre su propio eje y opuesto a la dirección del viento, dio dos pasos hacia su norte (¡puedo jurar que fueron solo dos!) para dejarnos estupefactas al notar que la hazaña, la divina suerte, pero sobre todo nuestra habilidad matemática (porque ambas la tenemos bien desarrollada, o eso creíamos) nos puso un cross de derecha para noquearnos sin tregua, trasluciendo que la relación: precio-calidad-cantidad, que pensamos haber resuelto allí, no fue sino una fiel muestra de que, Siempre se puede estar peor. El susodicho nos momificó, cuando llenando sus pulmones y caja torácica de purito oxigeno clamó: ¡Alfajóoo de maicé a nueve péee!
Ya lo decía aquella vieja publicidad de televisores… Lo barato sale caro.
Dedicado a La G: Hubiera querido plasmar también la tarde que compartimos en aquella casa de comida rápida (la que tenía el baño mas repugnante que el de La Tortuguita) y evocar a esas dos colegialas preparándonos aquel delicioso par de helados que acompañaban con un apetitoso chocolate toqueteado y trozado delante nuestro, con un cuchillo probablemente usado. Y la yapa de las miles de bacterias que nos donó una de las muchachas con sus uñas llenas de tierra y otras tantas sustancias excretorias. Pero si lo hacía no iba a quedar espacio pa´dejarte claro que “mi odio” se formó acá para que pueda transportarlo libremente sin frontera alguna y sea igual, vaya donde vaya.
Como Horacio a La Maga.
20 marzo 2011
Tras ese lapso de la noche durante esos pocos minutos que duró la caminata compartiendo descripciones de los estados físicos y emocionales de ambos. Luego de transitar esas inevitables seis horas atentos con el cerebro a todo motor bajo la premisa de migrar, migrar, migrar; Una comprendió con mayor intensidad que la cercanía de una despedida hace que su pecho arda, raspe. No entiende si fue que no tuvo tiempo suficiente para decírselo ahí o si sobraban horas pero le faltó valor. Le parece que se detuvo en el instante previo a balbucear y así, como todas esas cosas que uno se guarda, dejó estancada la oración “me pone muy contenta que estés intentando algo nuevo”. Ahora que hace memoria Una piensa que igualmente ya lo había expresado cuando le dijo a Uno que sus palabras le daban tanta adrenalina como “cinco patadas en el culo”, aunque el tema rondante en esa ocasión fue enterarse que el estaba comenzando el Divertimento. Entonces Una calló para contemplar su sonrisa.
Hay dualidad en estas líneas, si la hay. Haciendo que Una se sienta un tanto ¡Hija de mil putas! Pues todo aquel que no sea Uno, entenderá esto tanto, como Stalin podría llegar a comprender un comentario de La chilindrina. ¿Pero sabeis qué? Le encanta la sensación de ese hermetismo intencionado y burlón.
Podría decirse que Una no conoce mucho a Uno pero ¿existe la posibilidad de conocer absolutamente? ¿O será que nos alimentan en la niñez con esa falacia, para que ante lo desconocido no nos abrume la frustración? Una no coincide con las palabras del médico diagnosticando que aquellos ácidos son demasiado para que el organismo de Uno los pueda asimilar. Porque para Una es justamente lo corrosivo en la acidez de los escritos de él, lo que los vuelve de una dulzura póstuma. Es por eso que Una hizo y hará lo mismo con cada una de esas segregaciones literarias, no por simple divulgación del enorme talento de Uno, sino por aumentar el disfrute que otorgó a cada uno de los pares de manos a los que hizo llegar la bella Humedad de él. Es una pena que don Julio no esté aquí para Humedecerse como nosotros y donar tres palabras de opinión ¿Qué? Una no quiere oír siquiera una vez a Uno decir: ¡Faaa no quepo por la puerta! Ya que ella respondería a eso algo como: ¡No seas nabo, querés! Una sabe que a él le espera el arco del triunfo.
Horacio nunca pudo olvidar a La Maga, porque la admiraba mucho mas de lo que llegó a demostrárselo. Una tampoco podrá olvidarse de Uno, segundo porque su memoria es demasiado amplia y primero porque aunque ella no es Horacio y el menos aún La Maga; igualmente para Una es mas fácil admirarlo que dejarlo enterarse de otro modo que no sea éste.
Así que tantos dirán que Una no sabe quién es el, o que Uno sabe apenas de ella… Juntos reirán de esos tantos tontos.
P. D: Una añora una copia autografiada del próximo.
Se armó gresca en el boliche de Aguinaldo Dupetit. Después de diez minutos, bastaba con subir la mirada e imaginarse una bandada de gaviotas que luego de inhalar una buena cantidad de Popper, volaban en todas direcciones para terminar aplastadas contra alguna de las paredes o sobre alguna mollera que de seguro partían al chocar. Claro que algo así hubiera sido una sedita; comparado con el impacto real de aquellas mesas y sillas de roble labrado que una tras otra, iban quebrando costillas, tabiques nasales y todo lo que se cruzara delante sin pedir permiso. _¡Mas vale! (decía uno que miraba desde el conventillo de la esquina) la culpa de todo esto fue de Lucas Delirio Pitaluga por hacerse el canchero y ponerse a hablar de su influencia en el cotolengo “Pizza cruda” donde se hace el intendente, para después terminar pidiéndole fiado al Aguinaldo que tan endeudado está. Aunque todos sabían que era realmente tarde para cambiar algo, la muy terca de Addis Abeba Martínez intentó separar el nudo de piñas, patadas y escupitajos, que se había formado entre Voltaire García, los Spencer y el esquizofrénico de Hittler Aguirre Mussolini. No hubo caso y por meterse en medio, tuvo que ir a cosechar dos de sus premolares y un insisivo careado, al vaso de ginebra que recién le habían servido al dueño de la whisquería “El rosquete desfondado”, el ciego Caerte Freire. Cuando ya no se podía distinguir claramente dónde empezaba un cuerpo y terminaba otro, de tanta piñata, comenzó a aparecer a lo lejos la pequeña silueta de doña Esclavitud Sanchez (abuela de Dupetit) quien se despojó rápidamente de su dentadura añeja revoleándola dentro de la letrina del único baño del lugar y sin dudar, aceleró su corrida a una velocidad de 4.3 centímetros por hora yéndose encima de Oheflec Duarte, al que le rompió en cinco partes la mandíbula, tras curtirlo a golpes con su vieja pelela de hierro. No se salvaba nadie esa madrugada, ni siquiera el pobre Sun, el anciano perro de Caerte Freire, que ligó de lo lindo cuando aprovechando la distracción de los luchadores, fué sorprendido por Oferta Bienleída, quien cazó al perro del cogote, le ató el hocico con un piolín de mortadela regurgitado que encontró, lo apretó contra el rincón mas oscuro y le dió de plena y bomba hasta que se le descuajaringaron las patas traseras al ultrajado can.
Y así como todo empezó, igual de rápido se calmó cuando llegó corriendo lengua afuera Tranquilino Loor, avisando que ya estaba llegado el Everguito Coito (comisario del pueblo) Junto a sus cuatro oficiales de turno para calmar las aguas, porque la negra chusma de al lado, Blanca Nieves Vainilla, los había llamado espantada, como lo hacía cada fin de semana.
Pero esto no es todo lo que Onomástica puede dar a nuestra República Oriental…
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21 noviembre 2010
Cómo extraño bichicomear. ¿Estaré al fin creando el “Yo”? ¿O será que no tengo retorno y ese suspiro de ego se va a ir al carajo cuando me ponga frente a un cuaderno y no haga otra cosa, mas que arrancar hojas pa revolearlas al tacho? ¿Estaré en el portón metamórfico de haber cumplido 32 hace casi un mes? ¡A la mierda! acabo de publicar la edad que cumplí y raramente no me dieron ganas de hacerme el arakiri con un tampón usado. Si algo está movistar, digo, claro, es que el laburo nuevo le está incorporando a mi mente autista, mas dígitos, nombres que no voy a poder olvidarme jamas; ya que a cada uno le viene adjunta la fecha de cumpleaños ¡qué tortura! Porque si además de tener que pedir las fechas de nacimiento a la gente para poder retener sus nombres, le sumo ahora el hecho de que para poder cobrar el sueldo el 27, tengo que hacerlo “obligatoriamente” ¡Ay Margot! En un par de meses, me veo mas peor aún, comprándome un discador automático (igualito al que se compró Homero Simpson) para poder desearle “Felíz día” a cada cliente que tuve que llamar durante todo este tiempo. Uruguay perdió 2 a 0 con Chile y me tocó fumármelo todo escuchando la 105.9 ¡puta madre!
Quien no esté al tanto de cómo va mi vida en este momento, quizás se esté preguntado ¿Pero qué diantres dice esta tía? ¿Pero pana, esta caraja se droga con arepas “reina pepeada” en mal estado, compradas en pleno Caracas un día de apagón general? Pero obvio se de qué les hablo, o mas bien les balbuceo; mientras mis pensamientos se pusieron a poguear, para ver si al menos así los rescatan de mi marote que no hace otra cosa que seguir pensando en números de celular, precios por minuto (con fracción y sin), el artículo sobre el metagenoma que leí hace un momento, lo cual también implica que sigan aumentando las cifras de a billones, ”Sunshine of your love” y la voz de Glover recordándome lo lejos que estás, en un play sin fin desde que salí de casa, me monté a la bici y arranqué para este cyber. Tanto así el envenenamiento neuronal que anoche me llamaron por teléfono y no logro recordar quién era, sólo lo que le respondí: “Buenas noches mi nombre es… lo estoy llamando del departamento de promociones ¿con quién tengo el gusto de hablar? !Ah! mañana 22/11/2010: ¡Felíz cumple bó, Cúparo M. (M, de Morocho bajito y sin cuello) que postea como pocos, pero se hace desear hace meses.
01010101: Se aceptan comentarios igual de trastornados.
Jabulani.uy
1 julio 2010
En el rincón de una habitación (justo entre la mesa de luz y la cama).
Ella: Sí, si! ¡Ay así! ¡Más fuerte, mas adentro!
Él: ¿Te gusta eh? ¡Decime que te gusta, decí mi nombre yegua! ¡Dale deci mi nombre y te doy más duro, decílo!
Ella: ¡Ah!, si uf así, dámelo todo… ¡Nestos Odio Papito!
El: Así ¡Decilo de nuevo Arehopajita, que me pongo loco cuando lo gritás!
Ella: ¡Oh, Uh, ay sí, Nestos Odio Papito, Nestos Odio Papito, Nestos Odio Papito!
El: ¡Acabo! ¡Andá a la cucha! ¡Acabo, Acabo, Acabo!
Ella: Ta no importa, dejálo, no me molesta si me lame Acabo; vení no te asustes. Y si un día voy la Pepa Colorada a tomar un café ¿qué onda?
El: Ninguna.
Ella: ¿Estás seguro?
El: Si, no empieces con eso que ya te dije otras veces que cuando pienso en ella, quiero que se muera el Lazo de amor también. ¿A vos te gustaría que yo me ponga a hablar de Walt Disney ?
Ella: No.
El: ¿Por? ¿Acaso no te cansaste de explicarme que ni Artigas, Franklin, Darwin, Napoleón, Kennedy o inclusive Johnny Dolars Aguilera, podían competir con él?
Ella: Si, es cierto, pero eso no tiene nada que ver con que vos, aunque te hagas el tonto, babees por Isabel Sarli Silva.
El: Y tenías que salir con el temita de Isabel ¿no? Cómo te sigue jodiendo que ella se haya hecho famosa vendiendo torta fritas y vos no, qué lo parió.
Ella: Si se hizo famosa, me entero recién ahora por vos, porque a mí no me vá el cholulaje , es obvio que mis tortas fritas son cien veces mejores, y es la perra esa la que se lleva los elogios.
El: Ahora que decís eso ¿No entregaban hoy los premios “Nicanor Clandestino Costa”, por canal 1?
Ella: Ay si, dale prendé la tele que quiero ver si el papurri de Aladino Pereira, se lleva el premio al más sofisticado.
Mas tarde en otro rincón del país…
Madre: Ven a comer hijo mío, que se enfría el puchero y luego refunfuñas porque no te agrada que se te adhieran los hilos de puerro en el paladar.
Hijo: Madre hay algo que me vengo guardando hace un tiempo que me tiene por demás acongojado, y tiene que ver con la escuela.
Madre: ¡Oh hijo! Por favor no dudes más y cuéntame.
Hijo: Bueno no sé, quizás es sólo idea mía, pero siento que mi maestra Ciérrense las velaciones, no me quiere como a los otros niños de la clase. O al menos no me tiene la misma simpatía.
Madre: ¿Y por qué es que piensas eso querido mío? ¿Acaso te ha bajado las calificaciones sin razón, o ha respondido a alguna de tus preguntas con rudeza o alguna emoción parecida?
Hijo: No rudeza no es. Lo que sucede es que todos los días casi a la misma hora al comenzar la clase y al momento de terminar, cuando toma la planilla para pasar lista, comienzo a notar que su mirada se va fijando en mí a medida que avanza la presentación de cada uno de mis compañeros y se va acercando mi turno. Al llegar mi momento su voz cambia, apoya su codo sobre el escritorio, toma su cabeza con la mano derecha dándose pequeños golpes en la frente, al mismo tiempo en que se sienta cruzando sus piernas e inspira profundamente para recién luego de todo eso nombrarme diciendo con tono molesto: Juan Antonio Nicasio Francisco Manuel Antonio Bernardo Mario Héctor César Higinio Molotov Gorki Iglesias Largo Abayubá Yamandú Zapicán Cajals Engels Seoane. (Un par de segundos antes de que el niño comience a desplegar su nombre, la madre toma el control remoto y sube al máximo, el volumen del televisor.)
Aún más tarde en un rincón más rincón…
Esposa: ¡Teléfono atendé! ¿Quién es?
Esposo: Es Democrático Palmera para decirme que se casa mañana con Árbol Santos. ¡Qué asco!
Ella: ¿Por qué un asco?
Esposo: ¿Y por qué va a ser Circuncisión?… maricones ¿te suena?
Esposa: Sos un prejuicioso de mierda, ojo con meterte con mi hermano ¿entendiste?
Esposo: Pero calláte mija ¿qué sabrás vos de la vida?
Esposa: Probablemente no mucho, pero doña Pascualina Maza de Papa, tu queridita mamá, es mas puta que las gallinas y yo nunca dije nada del hecho de que tu padre, en realidad es tu tío, ¿ta?
Esposo: ¿Lo qué? Pobre de bó que yo te vuelva a escuchar repetir algo así de mi devota madre.
Esposa: ¿Devota? Jajaja. Eso si que es gracioso; no me puedo sacar la imagen de la vieja montada en Felino Valiente, dándole matraca a lo loco y después llegando a tu casa con cara de carnero degollado, contándole al pobre don Papa, que venía del velorio de Perfecto Gil.
Esposo: Mirá Circun, si lo que pretendés es hacerme enojar diciendo esas barbaridades de mi madre, no lo vas a lograr.
Esposa: Y bueno, vos empezaste agrediendo a mi hermano ¡tomá!
Esposo: No dije nada nuevo, a Democrático le gusta que se lo claven desde que éramos botijas, si no me creés, preguntale a Pistola.
Esposa: ¿Y ese quién es?
Esposo: Danielito Pistola Picinni el hijo de Termo Picinni y Selamira Godoy, los almaceneros.
Esposa: Ah si, cómo olvidar lo careros que eran ese par de viejos… ¿Pero qué tiene que ver ese Daniel en todo esto?
Esposo: ¿Qué tuvo? querrás decir.
Esposa: No importa si antes o ahora; ese tipo no toca pito en esta historia.
Esposo: Te equivocás, si que toca; por cincuenta pesos los besa, y por cien mete el propio en colas hambrientas como la del Palmera.
Esposa: ¡Vos lo que tenés es maldad, esto tenés!
Esposo: Prefiero ser malo, pero bien machito. Bueno ya, dejá de hacer escándalo y metete a la camita conmigo un ratito, antes de que se despierten Flash y Filete, tengas que ir a darles teta y nos perdamos la oportunidad de hacer una linda cucharita en esta noche tan fría.
Esposa: Bueno Tel, esta bien ya me acuesto, pero antes dejame los doscientos pesos para cocinar mañana.
Esposo: Te dejo ciento cincuenta, más no, los otros los cincuenta… los necesito.
Y esto no termina aquí (aunque debido al tamaño de nuestro territorio, se me hayan terminado los rincones por ahora).
Grapa doble.
19 abril 2010
Esto no es lluvia, es una cortina automática de agua. Traté de llegar a la parada del 468 de una sola vez, pero me ganó el aguacero y no me quedó otra opción que meterme a este bar “La Tortuguita” (Tristán Narvaja 1577, esquina Mercedes). Pedir algo para tomar y comer (ya que estaba ahí, bien podía llenar el vacío de mi estomago que pedía morfi a gritos). En línea recta frente a mí, a una distancia de unos cinco metros, hay unas cinco mesas y quince sillas; de las cuales tres, tienen gente sentada sobre ellas. Apoyado sobre una heladera exhibidora de gaseosas, hay un televisor de pantalla plana de unas 32” (últimamente le pongo atención a las pulgadas de este tipo de aparatos). Si el mes en curso no fuera Abril, sino Junio, es muy probable que me pusiera a mirar alguno de los partidos del mundial Sudáfrica 2010. Del techo cuelgan cinco ventiladores, el quinto, está ubicado justo sobre mi cabeza, y deseo con todas mis fuerzas que lo enciendan; aunque hace un frío invernal. ¿Por qué? Porque cuando estaba por dedicarle otro sorbo al capuchino y una segunda cucharada a ese Lemon Pie (con el punto justo de acidez, y cremosidad del merengue) algo se interpuso entre el placer de la ingesta y yo… Y cuando digo “algo” es porque aún no encuentro la palabra apropiada, precisa, para definir lo que humildemente llamaré tufo, baranda, hedor, peste, (o como suele decir mi hermano) losa, que provocó el ardor en mis fosas nasales cual herida abierta empapada de alcohol etílico. Resulta ser, que un hombre se aposentó al sitio que se encuentra frente a mí, a una distancia muy corta de la mesa a la que me encuentro arrimada. El Homo etílicus en cuestión, se sienta en la silla pidiendo con vehemencia una “grapa doble” la cual no creo que contribuya a reparar su sentido del olfato, haciéndolo optar por el pedido de un poco de jabón (blanco nomas del que se usa para lavar la ropa a mano) algunos litros de agua (la cual si arrancaba hacia la vereda, iba a conseguir de sobra) y así erradicar por el momento, esta fragancia tan agria, rancia, hueveril , culósica, sobaquera, escrotoidea, que emana su figura sin ninguna restricción, en todas direcciones y sin cesar dado que la brisa lloviznosa que entra por la puerta del lugar hace de rociador natural de su aroma corporal. Cuántas veces habré leído o escuchado a gente (ya instalada) en un estado utópico-melancólico, mencionar que varios escritores a lo largo de los siglos han sabido desplegar sus habilidades lingüísticas en lugares parecidos. Se cree que muchos de ellos eran clientes regulares de estos sitios, que les sirvieron de “inspiración” para la creación de sus más grandes obras. No puedo dejar de pensar en eso de la “inspiración” porque en este momento, no la quiero, no la necesito ¡no la soporto más! Lo único que quisiera, es exhalar indefinidamente para evitar que mi sistema respiratorio siga siendo invadido por esta mezcolanza de ajo, papa podrida, grapa (doble) y dos o tres meses consecutivos de un calzón esclavo, que a estas alturas, no debe “caminar solo” de seguro “corre maratones”. Podría llegar a deducir, que cada vez que el cincuentón intenta bajarlo, resulta un ejercicio de fuerza querer de despegarlo de entre lo que visualizo como una maraña de pelo enrulado, una piel de color grisácea, cubierta por unas veinte capas de caca debidamente fermentada. Sin dudas, debe resultarle un dolor de huevos querer bajarse los lienzos y debe depilarse involuntariamente del tirón, cada una de esas veces.
Allende, Benedetti, Borges, Conti, Cortázar, Eco, Galeano, García Marquez, Maslíah, Martí, Neruda, Onetti, Quiroga, Sábato, Vargas Llosa, Walsh. Todos estos y los demás que no cito ¿habrán tenido oportunidad de presenciar una miasma como ésta? ¿E igualmente seguir concentrados en sus textos? Si así fue; desde hoy los admiro un poco más y me pregunto si Patrick Süskind, habrá tenido su idea para escribir “El perfume” después de pasar por alguno de estos bares latinoamericanos. ¿Quién sabe? Yo no.
¿Tengo? Si. ¿Cuántas? Un montón. ¿Cuántas son un montón? Son, varias más que pocas. ¿Se podrían clasificar? Se podría, pero ese no es el punto. ¿Ah, no? No.
¿Y cuál es el punto? Este.
¿Cuánto hace que existen? ¿Cómo habrá surgido la primera? ¿A quién o a quienes? ¿Sobre qué habrá sido? Ni idea. ¿Habrá surgido a raíz de eso? ¿De qué? ¿De la aparición de algo como eso? ¿Algo cómo qué? ¿Como una primera idea? ¿O a raíz de la aparición de una segunda? ¿Esa segunda idea, refutó a la primera? ¿Cuál de las dos, le habrá resultado de mayor relevancia, a quien las tuvo? ¿La primera, por ser la original? ¿O la segunda, por ser una versión evolucionada, mejorada, de la inicial? ¿Quién sabe?… ¿Qué estaría haciendo si no las tuviera? Probablemente un doctorado en mediocridad. ¿Pero no es posible, ser mediocre, aún teniéndolas? Si, lo es. ¿Entonces? ¿Entonces qué? Que tenerlas reduce las posibilidades de doctorarse. ¿En qué porcentaje? ¿En qué porcentaje, qué? La reducción. Uno en el cual, la fracción arrojase una cifra suficientemente coherente, para poder ser considerada, parte cuantificable del cien correspondiente. ¿Y si no fuera así, se estaría entrando en una desconsideración? ¿Podría este número enojarse al no ser tomado en cuenta? ¿Puede un número enojarse? No lo creo. ¿Por qué? ¿Porque no es algo creíble? ¿Porque no es algo posible, aunque lo creyera? ¿O porque, para que el enojo se hiciera posible, y por ende, la creencia; los tres tendrían que participar de la emoción? ¿Cuáles tres? El uno, el cero y el otro cero. ¿Si esto ocurriera, se podría hablar de un sentimentalismo numérico, al cien por ciento? ¿Por qué ciento, y no, siento? ¿Porque cada palabra significa algo distinto? ¿El ciento con “c”, no hace referencia, a la representación de una entidad simbólica de cantidad? ¿Y el siento con “s”, no es acaso, una representación simbólica de la lingüística, referida a la percepción de una emoción? ¿Las emociones, se pueden contar numéricamente? Si. ¿Por qué? Porque hay más de una emoción. ¿Cuántas? Un montón. ¿Cuántas son un montón? Son, varias más que pocas. ¿Se pueden clasificar? Se puede, pero ese no es el punto. ¿Ah, no? No. ¿Y cuál es el punto? El que está justo después, de que te vayas a la puta madre que te parió.
Un tresillo a percusión de puño.
8 diciembre 2009
¿Why this deep sorrow? Se preguntaba Ludwing van Beethoven (quien en realidad era Gary Oldman, representándolo, en la película sobre su vida) un día, mientras escribía la carta que probó que el talento, la genialidad, o una capacidad intelectual inconmensurable, poco le valieron sin amor (de cualquier tipo). Obvio que hablando de él, estoy citando un extremo. Porque Oy apenas existe, en comparación con Van. Oy ha ido pensando cada vez más, que quienes dijeron en su pre adolescencia, que su proceso cognitivo era poco común, y que había logrado procesar información muy compleja para su corta edad (llegando a ofrecerle saltearse años de ciclo lectivo primario, a lo cual respondió con un “no, gracias“, ya que era más profundo su terror a que esto se supiera, y por ende una oleada de golpes le cayeran encima, una vez más). Buéh, Oy creyó que esta gente probablemente estaba etílica, cuando concluyeron eso sobre sus capacidades.
Volviendo a Beethoven sólo por la diversión irónica y ridícula, que me entrega la analogía. Pues si quisiera sumar a otro a la reunión de “garroteados porque sí” puedo traer a Michael al recuerdo, ya que hace relativamente poco que arrancó hacia el tenedor libre pa gusanos; ese que a todos nos va a tocar un día de estos. Si, hablo de Jackson, por si cabía alguna duda. Gracioso que ambos supieron hacer música, sufriendo la falta de amor desde la cuna y a lo largo de sus vidas. Y Oy padeciendo la misma falta, no hizo ni música, ni cunas. Sólo creció aceleradamente, intentando comprender el por qué del comportamiento humano, lleva a ciertos individuos a expresar sus frustraciones con gran violencia, hacia otros pequeños humanos, quienes aún no pueden defenderse, ya que su tamaño físicamente hablando, no se los permite. Porque ¡a la cacharpa! que Oy combatía con uñas y dientes (imaginarios) a todo aquello. Si vó; aún sabiendo cada una de esas veces, que el torrente de uppercut, doble Nelsons, llaves inglesas, ojotas, crucifijos, ventiladores de pié, torniquetes de toallón, y un desfile de: ¡ten Tota, toma Tota, ten ten, toma! era lo que le esperaba por negarse a doblegarse y rendirse. Al recordar fotográficamente cada uno de los objetos, se pregunta si Michael y Ludwing, tuvieron alguno en común con Oy, y le apena no poder preguntarles. Al compositor alemán, los porrazos lo dejaron sordo siendo un gurí, a Michael, también desde gurí, la misma experiencia le dejó una pelea con la edad, su imagen y su identidad sexual. A Oy… el tiempo le pesa, pero no niega que tiene que pasar. Su imagen, le deja mucho que desear (desearía que fuera más mejor) pero puede hacer las pases con ésta. Su identidad sexual está definida (lo sabe tras años de auto observación). Le gustan los muchachos, definitivamente. Y con que le guste mucho uno, le alcanza bien de bien, pues la ostentación, tampoco es lo suyo. No contrajo sordera, pero si sociopatía y un fastidio recurrente. Pero. Siempre hay un pero. Pero Oy, no pudo hacer música, grandes innovaciones musicales, como sí lo hicieran ellos a temprana edad. Por eso, Oy sólo puede compararse con ellos, en cuanto a cagadera de mate se refiere.
Si bien Oy puede decir que comprende básicamente la esencia numérica de la construcción musical, que tan interesante le parece. Sabe que no ha podido aún, descifrar cómo puede esto, trasladarse al sonido, tan súbitamente. Es por eso que Oy está aún en incapacidad de reproducción musical ¡carajo! Y el carajo, es porque Oy ya esta en la edad en la cual Ludwing y Michael, eran unos grossos en lo suyo. Ninguno de los tres pudo durante toda su vida, encontrar tampoco ese otro tipo de amor. Del que se busca cuando las feromonas se disparan, y te dicen que ese/a que está frente a vó, es quien está provocando el pre infarto a tu miocardio y/o la erecta expresión de tu parte, o la húmeda respuesta de esa otra, según corresponda al género en cuestión. Para suerte y pena de Oy; sabe que puede amar, que esa habilidad no le fue amputada a mamporrazos; puede hacerlo y ¡cómo! En similitud con ellos, hasta hoy nadie ha amado a Oy y si algún día lo hicieren, podría llegar a ser tarde para notarlo. Pues ha llegado siempre tarde a la repartija de love, true love, true true love.¿Le duele y asquea a Oy, como a los otros dos? Ver tanta insensibilidad, materialismo, codicia, egoísmo, larvas saliendo del globo ocular de un recién nacido desnutrido, armas mecánicas y químicas, Monopolios, iglesias, templos, mezquitas, sinagogas, treinta elefantes salvajes a punto de extinguirse; sarcoma de Kaposi marcando el final de un ser; picanas quemando pieles, medios de comunicación desinformando; o que sigan jodiendo con el fin del mundo en 2012, (como lo hicieron en el ’99). Que tantos millones trasladen la responsabilidad de sus acciones, a personajes como Jesús, Jehová, Jehové, Mahomá, Alá, Budá o Pepe Lepú. Tan ficticios ellos, como la capacidad de cuestionamiento de quienes creen en sus existencias. Piensa Oy que Beethoven y Jackson, pueden responder sí; nos duele y nos asquea, a través de su música. Oy responde lo mismo, y aunque no sabe rockearla como ellos hacían ayer, Oy, puede hoy, escucharlos a todo volumen simultáneamente, con miras de romper la barrera espacio-tiempo. Y sin olvidar que este tresillo tocado a percusión de puño, nunca hubiera sido necesario; con presencia del amor faltante. Por ende este texto no existiría… De hecho no existe, sino hasta que alguien lo lea.